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Leónidas vs. Gedeón. Los 300 de Dios

  • Foto del escritor: Marcelo R. Soza Álvarez
    Marcelo R. Soza Álvarez
  • 7 dic 2024
  • 3 min de lectura

Actualizado: 8 dic 2024


"El número de personas no es determinante para ganar una batalla contra la opresión, solo se necesita de las personas correctas para vencer".

La mayoría de ustedes conoce la Historia de Leónidas el rey espartano que con sus trecientos hombres hicieron frente al ejército del imperio Persa comandado por el Rey Jerjes.

La batalla de las Termópilas como fue conocida aquella proeza, sucedió el año 480 Antes de Cristo, fue una batalla épica donde se enfrentaron los espartanos contra los persas, al final Leónidas con sus trecientos hombres resistieron frente al embate del ejército enemigo, sin embargo, esa resistencia no duró por mucho tiempo. Los persas oscurecieron el cielo de flechas, diezmaron a los que resistían y capturaron a Leónidas para luego decapitarlo según reza la historia.

Antes de la hazaña relatada líneas arriba, hubo otra más antigua liderada por Gedeón y sus trecientos hombres, en el año 1200 A.C aproximadamente. En ella, Gedeón liberó Israel de los madianitas, un pueblo de ascendencia árabe que los mantenia oprimidos.

Según los relatos bíblicos del libro de los Jueces, Gedeón era obediente a Dios, y por causa de esa situación, viendo además el sufrimiento de su pueblo, le dice que iba a liberarlos de la opresión; entonces, le dice Dios: "el pueblo que está contigo es mucho para que yo le dé la victoria, no vaya a ser que ellos digan que por su propia mano vencieron". es asi que le instruye a Gedeón que hiciera correr la voz de que, si alguien tenía miedo, podía dejar el campamento en la madrugada.

Al día siguiente, quedaron solo diez mil hombres puesto que veintidós mil se habían marchado.

Dios nuevamente le habla a Gedeón diciéndole: "aún son muchos los hombres, llévalos a la orilla del rio y haz que beban agua, aquellos que lamieren el agua como lamen los perros los separarás de los que doblaren sus rodillas y beban agua con su mano".

De los hombres que se inclinaron y bebieron agua con la mano quedaron trecientos, entonces, le dijo: "a los otros debes despacharlos de vuelta a sus tiendas".

Durante la noche, los trecientos de Gedeón fueron al campamento de los madianitas gritando venceremos por "Jehová y Gedeón", los madianitas al ver el tumulto de antorchas encendidas y el sonar de las trompetas se asustaron y escaparon. Los 300 de gedeón destruyeron el campamento e hicieron prisioneros a dos príncipes de los madianitas, Oreb y Zeeb, para luego estos ser decapitados.

La historia nos muestra dos realidades distintas, la primera de ellas una derrota exaltada por la epopeya griega, a los hombres que resistieron estoicamente a los persas en las Termópilas, por esa valentía sus nombres fueron grabados en la historia. Al final, la derrota fue inminente concluyendo con la decapitación de su líder, Leónidas de Esparta.

Ya la segunda historia es lo contrario, los trecientos hombres de Gedeón con la ayuda de Dios lograron vencer al ejército de los madianitas compuesta por ciento treinta y cinco mil soldados, librando de esa forma a los israelitas de la opresión. En este caso, los decapitados fueron los dos príncipes árabes Oreb y Zeeb.

El número de personas no siempre es determinante para ganar una batalla contra la opresión, solo se necesita de las personas correctas para vencerlos.

En la vida real, cada uno de nosotros luchamos nuestras propias batallas, batallas que en su gran mayoría son desiguales, sin embargo, al final la perseverancia sumada a una estrategia y la ayuda de Dios, la victoria es segura.

Pueden ser muchos los miedos que acechan a las personas, el buscar la manera de superarlos es una buena estrategia de por lo menos intentar eliminar esos miedos. Jamás una rendición debe ser una opción antes de comenzar la lucha, no importa la multitud de malvados que se unan para hacer daño, si bien ellos actúan en manada porque es ahí que se sienten valientes, se debe considerar que individualmente ellos son inofensivos, porque la cobardia es su ropa de todos los días, ya que en esa soledad son miedosos y le temen a la verdad. Confiar en Dios es el camino que tienen los justos de conseguir la victoria, puesto que él enterrará a los opresores.

De las derrotas también se aprende, al final la lucha es siempre entre el bien y el mal. Eelegir el lado correcto traerá siempre satisfacciones, eso da felicidad y calma en el alma de la turbulencia malvada que cerca el mundo.


MARSAL

 

 
 
 

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Marcelo

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