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JUICIO A LA “E”

  • Foto del escritor: Marcelo R. Soza Álvarez
    Marcelo R. Soza Álvarez
  • 24 ene 2024
  • 4 min de lectura


"La opinión de la mayoría o la moda nunca se sobrepondrá a la razón"

Estaban reunidos en el gran salón de la justicia todas las letras, a la espera del juicio instaurado a la E.

La A acusaba a la E de ser machista, de tener actitudes de misoginia y otros tantos apelativos inimaginables;

Por su parte la O que acompañaba a la A en el juicio, se mantenía en silencio con actitud tímida y expectante al desenlace de la causa.

La Gramática que hacía de Juez o Jueza, (ya no sé, puesto que todo esto me confunde) dirigía el juicio.

De secretaria la teníamos a la ortografía, la semántica hacía de transcriptora y a un costado haciendo guardia se encontraba la sintaxis.

En el Jurado se veía a la Z y la L y otras letras más, ellas se veían asustadas, y ya encenderán el porqué.

Al comienzo del juicio la A que hacía de acusación salta al estrado y dice:

No es posible que la E sea tan machista, imagínense, la E acaparó todos los escenarios.

-Continúa diciendo la A- ella se coloca al final de Presidente por ejemplo sin ver que nosotras debemos también ser parte del final.

Queremos que a partir de ahora se nos llame de presidentA y a nuestras parientes mujeres se les denomine parientAs y si hacemos algo magnífico y desafiador se nos diga valientAs, por último, queremos la condena y el exilio de la E

La O en un rincón del juicio asomó su cabeza se dio ánimo y habló con voz trémula.

Nosotros también exigimos los mismo –dijo- a partir de ahora queremos que la E sea retirada del abecedario.

Concuerdo con la presidenta –contunuó- a partir de ahora yo también quiero ser llamado de presidentO, tener parientos y ser valiento, en respeto a mis derechos.


La L y la Z que estaban en el jurado se miraron de reojo preocupados y absortos ¡ahora nos toca a nosotros! Pensaron, mientras transpiraban.

Evidentemente, la A continuaba argumentando su punto de vista y explicaba al jurado y a la sala de como el “machismo estructural” había ganado espacio.

Al dirigirse al Jurado apuntó con el dedo a la letra L y a la Z, que estaban tratando de pasar desapercibidos ocultándose de la mirada acusatoria de la A y su posible arremetida.

No es dable que esas dos letras que también son machistas, estén en el jurado –dijo la A-

Se escuchó un murmullo en el ambiente.

¡Mire! Exclamó la A, la L también acapara el final de las palabras, por ejemplo: Mariscal en vez de mariscalA; General en vez de GeneralA.

La O que ya había yomado corage después de su primera intervención (cual asistente de Abogado que después de una palmada en la espalda aquello se torna suficiente para creerse un jurisconsulto) se levantó rápidamente ¡gritando! concuerdo con la A, yo también quiero que me llamen mariscalO o GeneralO ¡exclamó!,

Ahora me tocan la zamba canuta pensó la Z.

La A acometió esta vez contra ella diciendo: señora Juez…

Un momento interrumpió la Gramática que hacía de Juez, la felicito señora A, usted está utilizando las palabras de manera correcta.

La A toda orgullosa del elogio sin comprender la ironía, continuó diciendo:

Por ejemplo, a la Z también le gusta ser el final de algunas palabras no le interesa nuestro género femenino sostuvo, hasta cuando nos insultan nos dicen soez y no soezA. Si dijo la O levantándose abruptamente para que todos vean y escuchen, yo quiero ser soezO dijo develando su ignorancia de no comprender el significado de la palabra.

En toda la sala se oyó una carcajada, y no faltó alguien que grito: ¡que viva la soeza y el soezo!

Silencio dijo la Gramática, o desalojo a los inoportunos.

Llegó el turno del acusado hablar.

La E se puso de pie y dijo:

Señora Juez, entiendo que estoy siendo acusado de ser machista misógino y otros tantos cargos inventados en mi contra.

Entiendo también que al no haber negociado con A y O estoy en este juicio.

Ellos querían que se cambiara todas las terminaciones de las palabras terminadas en E con las letras A y O de acuerdo al su género.

También insinuaron que se debería cambiar todas las palabras terminadas en A u O con la E para ser más inclusivo, utilizándome como una especie de comodín para no ofender a nadie.

Por ejemplo, la palabra esclavo o esclava debería ser necesariamente substituida por esclavE; todos y todas por todEs, y así sucesivamente; en fin, mi reputación y mi honor jamás hubiese permitido que algo tan absurdo sea negociado. Ese es el motivo de mi penuria.

Analicemos lo siguiente, si antes de este juicio hubiese sabido que trataban de condenarme anticipadamente, es más forzarme al exilio (Curioso que Exilio comience con E) jamás me hubiese interpuesto entre sus intereses y su ignorancia.

Usted como bien sabe sobre la evolución del idioma, se deparará que las acusaciones no tienen fundamento alguno, sino que es producto del capricho y la mediocridad.

Las reglas gramaticales no las creé yo, sino que ellas fueron producto de la sapiencia de hombres y mujeres que a lo largo de nuestra historia aportaron al enriquecimiento de nuestro idioma, fueron ellos que dieron sentido a todas las palabras.

Si hay que condenar a alguien es a ellos y no a mí que soy solo una simple letra del abecedario

Todo esto me lleva a reflexionar que no fui yo quien se interpuso entre ellos, sino que todo este desenlace fue producto de la elección y aplicación de la norma culta de las palabras y la necesidad de una buena interpretación sobre el contenido de ellas que le dan sentido a nuestra comunicación.

Al fin y al cabo señora Juez, luego de todo este calvario que significó este mi juicio, si voy a ser sacrificado y exiliado, le ruego que su decisión de condena sea al interior de una biblioteca, donde podré conversar con Cervantes, Zamudio, Borges, Mistral, Márquez o Vargas Llosa y otros tantos pensadores que dieron su vida para que tengamos una correcta estructura del idioma; de paso, en ese laberinto misceláneo de palabras quizás me encuentre con Shakespeare, Eco, Dumas, o Drummond y otros tantos escritores que me enseñarán la exquisitez de su lenguaje.

Al final la ignorancia y la mediocridad acabará siempre en el olvido y yo volveré a ocupar el lugar del que nunca debieron arrebatarme.

La E

 

 
 
 

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Marcelo

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